La saponificación en frío

La saponificación en frío

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El mundo de los jabones artesanales y de la saponificación en frío es tal fascinante como inmenso. Personalmente, es lo que más me gusta en cosmética casera: hacer jabones. Pero antes de empezar hay que leer mucho, documentarse y conocer un mínimo sobre las buenas prácticas; sin estos conocimientos no se puede, y no se debe, intentar hacer jabones. En este articulo, doy unas información básicas que pueden responder ciertas preguntas de aquellos que están comenzando en saponificación en frío pero este articulo no pretende ser exhaustivo, sino que simplemente da algunas pistas que abren a un mundo mucho más amplio de "como hacer jabones".

¿Qué es la saponificación en frío?

La saponificación en frío es un proceso de fabricación de jabón artesanal sin "cocción" a temperatura ambiente. Es una reacción química que se obtiene al mezclar un cuerpo graso (aceites y mantecas de origen vegetal o animal) con un álcali (potasa, sosa cáustica) y agua. El resultado de esta reacción es jabón y glicerina.

Grasa + Sosa cáustica + Agua   =   Jabón + Glicerina

La saponificación es una reacción total, es decir que continúa hasta que uno de los reactivos (aceites o sosa) se consuma. Por eso es necesario que haya un exceso de aceites en la receta y de dejar madurar el jabón de 4 à 8 semanas antes de usarlo. Así al terminar este tiempo de saponificación se obtiene un jabón sobregraso totalmente exento de sosa cáustica.

La ventaja de la saponificación en frio es el respeto de las materias primas. Usados "en frío", los aceites no se desnaturalizan y conservan sus propiedades. En general se añade un sobreengrasado, lo que asegura, además de la glicerina, la hidratación y nutrición de la piel.

La sosa cáustica

La sosa cáustica o hidróxido de sodio cuya formula es NaoH, es la que más utilizamos para hacer jabones artesanales en pastillas y viene en forma de perlitas.
La sosa cáustica se mezcla con agua para formar lo que llamamos lejía cáustica o lejía de sosa. Esta lejía se mezcla con los aceites con lo cuales va a reaccionar, y es la saponificación, para formar el jabón (veremos más abajo los pasos uno a uno hasta llegar al jabón en pastillas).
Cuando disolvamos la sosa cáustica en agua, se produce una reacción muy exotérmica, es decir que la mezcla sube a temperaturas muy altas (alcanza los 90°). La lejía de sosa es muy corrosiva y puede atacar los tejidos y la piel y causar quemaduras y daños muy graves por eso es imprescindible tomar todas las medidas de seguridad y manejarla con mucho cuidado (leer más sobre las medidas de seguridad).
Tampoco no se puede utilizar cualquier sosa cáustica. Es importante leer bien las etiquetas para asegurarse que no este mezclada con otros ingredientes químicos (la sosa cáustica que podemos encontrar en ferretería o supermercados que se utiliza para desatascar fregaderos). Lo mejor es de comprarla en una tienda especializada en ingredientes para cosmética casera que puede garantizar la pureza de la sosa (pureza mínima de 99%).
La sosa cáustica se mezcla con agua preferente destilada o desmineralizada o si no, agua mineral de mineralización débil. La razón de eso es que el agua debe contener lo menos posibles de sales y minerales que pueden interactuar con la sosa, reducir la reacción de saponificación y al final alterar la calidad del jabón.

Se puede mezclar la sosa también con otros líquidos de los que deseamos aprovechar de las propiedades como leches, zumos, té o café, etc. pero hay que recordar que cuando añadimos la sosa, la temperatura sube tanto que estos líquidos pueden quemarse, por esta razón, cundo queremos utilizar otro liquido que el agua, es preferible congelarlo en una bandeja de cubitos de hielo (pesamos la cantidad exacta del liquido que necesitamos) 24h horas antes de realizar la receta de jabón, de esta forma cuando añadimos la sosa, la temperatura no sube tanto y el liquido no se quema.

Los aceites

Normalmente se puede utilizar cualquier cuerpo graso para hacer jabones (aceite y mantecas vegetales, grasa animal) pero aquí vamos a hablar solamente de aceites y mantecas vegetales que se utilizan con frecuencia.
La elección de los aceites vegetales influirá mucho en el aspecto y las propiedades del jabón. En concreto, los aceites están compuestos de diglicéridos y triglicéridos de ácidos grasos, y según su structura química, cada aceite aporta una propiedad especifica y diferente al jabón. Una buena receta de jabón es aquella que combina de manera equilibrada varios aceites para que este tenga todas las propiedades que esperamos de un jabón: poder limpiador, espuma, dureza, suavidad, etc.
Miramos más en detalle estos ácidos grasos y sus propiedades. En los aceites vegetales son presentes dos tipos principales de ácidos grasos: los saturados y los insaturados.

Los ácidos grasos saturados son lo que van a aportar, por un lado, dureza al jabón, pero también, por otro lado, van a darle su poder limpiador y espumante. Los ácidos grasos saturados están naturalmente presentes en los aceites « duros », es decir los aceites concretos y las mantecas como aceite de coco, aceite de palma, manteca de karité, de cacao o de mango que mantienen un estado solido a temperatura ambiente. Estos ácidos se encuentran también en proporciones variables en algunos aceites vegetales « líquidos ».
En este tipo de ácidos grasos saturados encontramos el ácido láurico, el ácido mirístico, el ácido esteárico y el ácido palmítico. En saponificación en frio es muy importante conocer y entender la propiedad de cada estos cuatros ácidos para elaborar la receta de jabón la más equilibrada posible.
El acido láurico (denominado también ácido dodecanoico) es un ácido graso saturado de 12 átomos de carbono que da al jabón un poder limpiador y espumante, lo encontramos principalmente en aceite de Coco, aceite de Bayas de Laurel (que se utiliza tradicionalmente para elaborar el jabón de Alepe), aceite de Babassu, manteca de Murumuru y manteca de Tucuma.
El acido miristico, también llamado ácido tetradecanoico, es un ácido graso saturado de cadena de 14 átomos de carbono y da igualmente al jabón dureza, poder limpiador y espumante, lo podemos encontrar en aceite de Palma, aceite de Coco, manteca de Murumuru y manteca de Tucuma.
El acido esteárico es un ácido graso saturado de 18 átomos de carbono, a temperatura ambiente es un sólido parecido a la cera y da al jabon dureza y permite tener una espuma duradera y untuosa, lo encontramos en proportion bastante elevada en mantecas como manteca de Karité, manteca de Cacao, manteca de Aguacate, manteca de Mango, …
El ácido palmítico, o ácido hexadecanoico, es un ácido graso saturado formado por 16 átomos de carbono, como el acido esteárico da al jabón dureza y permite tener una espuma duradera y untuosa, lo podemos encontrar en aceite de Palma, manteca de Cacao, manteca de Aguacate, pero también se puede encontrar en proporción bastante interesante en aceites « fluidos » como el aceite de semillas de Algodón (+/- 27%) o aceite de Baobab (+/- 25%).

En cuanto a los ácidos grasos instaurados son aquellos que aportan al jabón suavidad y propiedades particulares. Dentro de este grupo de ácidos grasos encontramos los monoinstaurados y los poliinsaturados.
Los monoinsaturados son el ácido oleico y ácido ricinoleico.
El ácido oleico es un ácido graso monoinstaurado formado por 18 átomos de carbono, es de la familia de los Omega 9 y es el más abundante de los ácidos grasos, se encuentra en proporción muy alta en el aceite de Oliva, aceite de Cártamo, aceite de Girasol o aceite de Salvado de Arroz. Estos ácidos grasos son lo que van a dar al jabón propiedades nutritivas y suavizantes para la piel.
En cuanto al ácido ricinoleico es peculiar porque se encuentra solamente, como lo indica el nombre, en el aceite de Ricino y es muy interesante en saponificación en frío porque es un acido que genera una espuma generosa, untuosa y duradera, pero es aconsejable no superar los 15% del peso de los aceites porque a grande proporciones da jabones demasiado blandos.
Los poliinsaturados son el ácido linoleico, el ácido alfa-linolénico y el ácido gamma-linolénico. Estos ácidos grasos son importantes en una buena formula de jabón porque son aquellos que van a aportar propiedades regenerativas, nutritivas y protectoras para la piel.
El ácido linoleico es un acido graso poliinsaturado formado por 18 átomos de carbono, es de la familia de los Omega 6 y se encuentra en proporciones interesantes en aceite de Cártamo (55-81%, el más alto contenido de todos los aceites vegetales), aceite de Semillas de Uvas o aceite de Cacahuete.
El ácido gamma-linolénico, es un ácido graso poliinsaturado también de la familia de los Omega 6, se encuentra principalmente en aceite de Onagra, aceite de borraja y aceite de Grosella negra.
Terminamos con el ácido alfa-linolénico que es un ácido graso poliinsaturado de la serie Omega 3, se encuentra en altas proporciones en aceite de Lino, aceite de Sacha Inchi, aceite de Camelina o aceite de Perilla.

No es posible terminar esta sección dedicada a los aceites sin hablar de otros componentes muy importantes en saponificación: los insaponificables. ¿Qué es eso? Pues los insaponificables son una fracción de un aceite vegetal que no va a reaccionar con la sosa cáustica en el proceso de saponificación y qué no van a ser transformado en jabón, y de hecho es en ellos que se encuentra una gran parte de los activos que van a aportar propiedades fantásticas para la piel.
Los insaponificables se encuentran en proporciones variables en cada aceite: de 0,5 a 5% pero pueden alcanzar los 15% en la manteca de Karité (no refinada) y los 50% en la cera de abeja o aceite de Jojoba.
Los insaponificables son por ejemplo:
Los fitosteroles, con propiedades reparadoras, cicatrizantes y antiinflamatorias, podemos encontrarlos en el aceite de Oliva, manteca de Karité, manteca de Mango, aceite de Aguacate, aceite de Almendra Dulce, aceite de Avellana, aceite de Salvado de Arroz, aceite de Palma o aceite de Hueso de Albaricoque.
Los polifenoles que son potentes antioxidantes que ayudan a reestructurar la piel estimulando la síntesis de colágeno y podemos encontrarlos en aceite de semillas de Uvas, aceite de Oliva, manteca de Cupuaçu, aceite de Açaí. 
Los carotenoides que son responsable del color peculiar que puede tener los aceites, tienen propiedades antiedad y protectoras, podemos encontrarlos en el aceite de Aguacate, aceite de Burití, aceite de Comino Negro, aceite de Germen de Trigo, aceite de Rosa Mosqueta, aceite de Semillas de Frambuesa, aceite de Palma o aceite de Semillas de Tomate.
Los esteroles, tienen una acción reparadora, cicatrizante y antiinflamatoria, se pueden encontrar en aceite de Aguacate, aceite de Argan, aceite de Avena, aceite de Semillas de Algodón, aceite de Sacha Inchi o aceite de Semillas de Tomate.
Los ésteres, también potentes antioxidantes, podemos encontrarlos en manteca de Karité, aceite de Jojoba o aceite de Avena.
La vitamina E, llamada también Tocoferol, es un potente antioxidante que protege la barrera cutánea, podemos encontrarla en la mayoría de los aceites vegetales pero se encuentra en proporción elevada en aceite de Germen de Trigo, aceite de Girasol, aceite de Aguacate, aceite de Rosa Mosqueta o aceite de Semillas de Tomate.
La vitamine A, tiene una acción anti-radicales y protege los tejidos de la degeneración, podemos encontrarla en aceite de Coco, manteca de Karité, aceite de Hueso de Albaricoque
La vitamina K, favorece la coagulación de la sangre, limita el enrojecimiento, podemos encontrarla en aceite de Cártamo, aceite de Rosa Mosqueta, aceite de Germen de Trigo
Los esqualenos, naturalmente presente en la piel y el sebo, tienen propiedades emolientes y antioxidantes, ayudan a restaurar la barrera lipídica cutanea, suavizan la piel y la protegen de la deshidratación, podemos encontrarlos en aceite de Oliva, manteca de Cacao, manteca de Mango, aceite de Rosa Mosqueta, aceite de Germen de Trigo o aceite de Palma

El sobreengrasado

Para entender lo que es el sobreengrasado es importante entender antes lo que es la saponificación; como explicado más arriba, es una reacción química entre un cuerpo graso (en nuestro caso aceite o manteca vegetal) y un alcali (en nuestro caso sosa cáustica NaOH) y es una reacción total, es decir que continua hasta que se consuma uno de estos dos elementos. Si el aceite se consuma primero y queda sosa, el jabón es cáustico y claro no se puede usar. Si la sosa cáustica se consuma primero y que queda aceite, obtenemos un jabón sobregraso, y es precisamente lo que queremos en saponificación en frio. En resumen, el sobreengrasado es la cantidad adicional que vamos a añadir y que al final quedara sin reaccionar con la sosa.

Hay dos maneras de añadir el sobreengrasado en un jabón: por reducción de sosa o por sobreengrasado adicional en la « traza ». Los dos se suelen expresar en tanto por ciento.
Por reducción de sosa significa que vamos a añadir una cantidad de sosa menos a la que se necesita teóricamente para saponificar la cantidad de aceites que utilizamos, de esta manera la sosa sera totalmente consumida y quedará una porción de aceites no saponificados en el jabón. Una reducción de 5% (el mínimo que se recomienda generalmente) significa que vamos a reducir de 5% la cantidad de sosa necesaria para saponificar nuestros aceite.

Por sobreengrasado adicional en la « traza » significa que vamos a añadir una cantidad adicional de aceite después de mezclar los aceites con la sosa y cuando llega la masa mezclada al punto de « traza », es decir cundo la masa comienza a espesarse y que si levantamos la espátula o la batidora (¡apagada!), quedará una traza en la superficie de la mezcla.
Para obtener un jabón suave se recomienda cumular una reducción de sosa con un sobreengrasado adicional, y aquí se habla de sobreengrasado total, cuya formula es la siguiente: % Sobreengrasado total = % reducción de sosa + % sobreengrasado adicional
Generalmente se recomienda un sobreengrasado total de 8 a 10% (de los cuales un mínimo de 5% de reducción de sosa) pero se puede ir hasta los 12 a 15%, pero ojo, una cantidad de sobreengrasado elevada puede dar un jabón demasiado blando y más sujeto al enranciamiento.

Para obtener jabones suaves es importante saber cómo calcular la cantidad de sobreengrasado y por eso hay que entender lo es en un índice de saponificación...

El índice de saponificación

El índice de saponificación es el numéro en miligramos de potasa cáustica (también denominada hidróxido potásico, y que se simboliza KOH) que vamos a necesitar par saponificar un gramo de aceite. Cada aceite tiene su propio índice de saponificación y la cantidad de sosa a utilizar en una receta variará entonces en función de los aceites utilizados. Por ejemplo, el índice de saponificación del aceite de Oliva es 190, lo que significa que vamos a necesitar 0,19g de potasa cáustica para transformar en jabón 1 gramos de aceite de oliva. Pero como en la recetas solamos utilizar sosa cáustica, es decir, hidróxido sódico (NaOH) y como el peso molecular del hidróxido potásico es superior al del hidróxido sódico en 1.4025 veces, tenemos que calcular el índice de saponificación con sosa dividiendo el primero índice por 1.4025. Siguiendo con el ejemplo de aceite de oliva, dividimos 190/1.4025 que nos da una cantidad aproximada de 135, de esta manera, necesitaremos 0,135g de sosa cáustica para saponificar 1g de aceite de Oliva.

La cantidad de agua

Ahora que hemos hablado de los aceites de sus índice de saponificación, el sobreengrasado y cómo calcular la cantidad de sosa, hablamos de la cantidad de agua a utilizar. Es muy sencillo; generalmente se recomienda utilizar entre 30 y 35% del peso de los aceite (incluido el peso del sobreengrasado) y utilizamos la formula siguiente:
Cantidad de agua = cantidad de aceite x entre 0,30 y 0,35.
Por ejemplo, si usamos 500g de aceites y queremos 0,33% de agua, calculamos: 500 x 0,33 = 165 g de agua.

Y seguramente es en este momento que os estáis diciendo « ¡Oh! es demasiado complicado, la saponification no es para mi »…  ¡No pánico! En realidad es muy sencillo porque existen calculadoras que hacen los cálculos y dan las cantidades de sosa y agua necesarias simplemente entrando la lista de aceites con la cantidades y el porcentaje de sobreengrasado deseado.

Las Calculadoras de saponificación

Existen varias calculadoras de saponificación online, son herramientas muy practicas porque permiten ganar tiempo y no hacer mil cuentas para saber qué cantidades de sosa y de agua necesitamos para nuestra receta de jabón; solo hay que entrar el peso en gramos (pero en algunas se puede entrar en porcentaje o onzas) de cada aceite que vamos a utilizar. Las más conocidas y utilizadas son Mendrulandia (varios idiomas incluido español), SoapCalc (inglès), The Sage (inglès) y la calculadora de Aroma Zone (francès).
Personalmente me gusta utilizar la calculadora de Aroma Zone y después comprobar las características en la calculadora Mendrulandia. En efecto, esta última es muy interesante porque aparte de las cantidades de sosa y agua necesarias para elaborar el jabón, proporciona una serie de parámetros que indican, según los aceites elegidos, las características que tendra el jabón : dureza, espuma, estabilidad, limpieza y acondicionamiento. También proporciona la lista de los ácidos grasos, la etiqueta INCI y permite con un solo clic imprimir la receta.
Se pueden encontrar varios videos en la web de tutoriales que explican como utilizar estas calculadoras y una vez que las habréis probado, podréis elegir aquella con la que estáis los más cómodos.

Perfumes

Estamos tan acostumbrados a que el jabón tenga una fragancia que nos viene muy raro, y para algunas personas muy desagradable, que una pastilla de jabón no tenga perfume a parte del olor particular de un jabón natural. Pero de mí opinion, y parte que hace de la ducha o el baño un momento « olfativamente » agradable, el perfume en un jabón es facultativo y muchas veces realizo jabones sin ningún perfume añadido porque simplemente, a mí, me gusta el olor del jabón natural.
Sin embargo, Para dar perfume al jabón se puede utilizar o aceites esenciales o fragancias pero en saponificación en frio es difícil predecir cómo van a salir o resistir los perfumes.
En el caso de utilizar aceites esenciales es importante saber que el mundo de los perfumes es complejo y hay que entender lo que es la pirámide olfativa y tener algunas nociones sobre cómo combinar las notas par crear la buena sinergia de perfume. De hecho un perfume esta constituido de 3 tipos de notas: las notas de cabeza, son los olores que percibimos en primero y son las más volatiles, entre ellas los cítricos, notas frescas verdes y notas aromáticas ; las notas de corazón, que duran algunas horas y que dan carácter al perfume y determinan la familia a la que pertenece el perfume, entre ellas las notas florales, de especias y de frutas ; las notas de fondo, son las más persistentes, acentúan y fijan las notas de corazón y son ellas la que se quedarán más en la piel y la ropa, entre ellas, las notas de madera y la notas balsámicas.
No voy a entrar aquí más en detalle en como elaborar un perfume porque no es el propósito de este articulo pero estos son algunos de los aceites que se mantienen bien en saponificación en frío:
Notas de cabeza: litsea cubeba, hierbalimón (Lemongrass), jengibre, eucalipto, almendra amarga
Notas de corazón potentes : Lavanda, romero QT Cineol, menta piperita, menta verde, tomillo QT Linalol, Palmarosa, Pino silvestre, petitgrain, pícea mariana, geranio, Ylang-ylang, cilantro, palo de Hô
Notas de fondo duradera : patchouli, vetiver, canela, nuez moscada, clavo, cedro, amyris
En cuanto a las fragancias, podemos encontrar en tiendas especializadas unas sinergías de buena calidad que dan buenos resultados en saponificación en fio.
Respecto a las cantidades a utilizar en una receta de jabón, diría que depende de los aceites esenciales o de la fragancia que queremos utilizar por eso es imprescindible leer la fichas técnicas. De manera general, nunca se debe superar los 5% del peso de los aceites. En mi caso, nunca supero los 1% del peso de los aceites porque no me gustan los jabón con perfumes demasiado fuertes y en el caso de utilizar una fragancia, elijo una exenta de ftalatos y CRM.
Ademas hay que ser vigilante al momento de utilizar aceites esenciales porque algunas pueden ser alergénica, dermocaustico o fotosensibilizante. Leer más sobre las precauciones de uso de los aceites esenciales

Colorantes

Colorantes naturales para jabones artesanales

Se puede colorar un jabón de varias maneras, aquí no voy a hablar de colorantes de origen sintética sino de colorantes minerales y colorantes vegetales. Los colorantes minerales son los óxidos, los micas, los ocres y las arcillas. Los colorantes vegetales son los polvos de plantas y flores, los purés y zumos de frutas y vegetales, las especias, etc. De manera general, los colorantes minerales son más estables y resistentes que los colorantes vegetales que tienden a desvanecerse.
Igual que los perfumes, colorar un jabón en saponificación en frio puede dar resultados muy aleatorios porque depende de varios parámetros que se deben tenerse en cuenta.
Primero y antes de todo, para colorar un jabón con éxito, es importante tener algunas nociones en cromática y rueda de colores, no solo para saber cómo combinar los colores sino también para evitar que una mezcla de tonos dé un color inesperado. Como ejemplo, recuerda que el amarillo mezclado con el azul dan inevitablemente un tono verde.
A partir de ahí, el primer parámetro a tener en cuenta es el color de los aceites que vamos a utilizar. Me explico: todos los aceites no tienen el mismo color, algunos son más oscuros que otros y con tonos que pueden dar un color inesperado al jabón. Por ejemplo, el color del aceite de Oliva puede variar de amarillo dorado al verde, así que si queremos un jabón con color azul no van a ser el aceite ideal en la receta. Otro ejemplo, El color del aceite de Buriti puede variar de naranja vivo al rojo, así que sí queremos un jabón de color claro, tampoco va a ser el aceite ideal.
El segundo parámetro a considerar es la sosa y la manera en la que van a reaccionar con ella algunos ingredientes y pigmentos. Debido al pH de la lejía de sosa (la mezcla de agua y sosa), los pigmentos pueden cambiar de color de manera muy sorprendente y los colorantes vegetales son los más inestables en los jabones porque son los más sensibles al pH. Por ejemplo los tonos morados de las antocianinas del jugo de remolacha o el polvo de hibisco se vuelven grises y luego marrones.
Otro parámetro que influe en el color del jabón es los aditivos que vamos a añadir a la receta. De echo, hay que tener en cuenta que cualquier otro ingrediente puede influir y cambiar el color, por ejemplo, si añadimos una fragancia o aceite esencial que tiñe los aceites de amarillo (por ejemplo los aceites esenciales de cítricos) y agregamos un pigmento azul, el color del jabón sera verde no azul. Otro ejemplo, las fragancias que contienen vainillina, coloran casi siempre el jabón en marron.
Otro parámetro a considerar es el proceso que se utiliza para colorar, es decir de qué manera y a qué momento se añade el color. Con el mismo colorante, y independientemente de la cantidad utilizada, se pueden obtener tonos bastantes diferentes según que se añade en los aceites, en la lejía de sosa o al momento de la traza. Y aquí hay que tener en cuenta la característica fisicoquímica del colorante: ¿Es hidrófilo o lipófilo? Es decir ¿Es soluble en agua o en aceite? Conocer la respuesta a esta pregunta permite saber cómo y a qué momento se puede añadir el colorante para obtener de manera satisfactoria el color deseado.
Los colorantes minerales son insolubles en agua y de manera general se añaden al momento de la traza. Se recomienda dispersarlos en un poco de aceite para obtener un color homogéneo y no tener grumos. En el caso de los polvos vegetales, pues algunos son hidrófilo y se pueden añadir en la lejía de sosa, en dilución (añadiendo el polvo a la lejía, dejar macerar un rato y filtrar) o maceración (dejando macerar el polvo en el agua o el liquido a utilizar con la sosa y después filtrar); pero también se pueden añadir a la traza, y en este caso, el polvo puede dejar motas en el jabón. Se ha demostrado que algunos polvos, como el Manjishta, dan un color más vibrante cundo se mezclan con la lejía que se filtra antes de añadirla a los aceites, pero debido a la alta corrosividad y peligrosidad de la sosa, quizás este proceso esta reservado a personas con bastante experiencia en saponificación en frio.
En cambio, otros polvos son lipófilos y en este caso, aparte de agregarlos a la traza, se pueden utilizar en maceración en los aceites de base que se utilizaran en la receta de jabón. Personalmente suelo dejar macerar el polvo una semana o dos (se puede dejar más tiempo) en un aceite, en una jarra cerrada, en un lugar obscuro y en temperatura estable, mezclando de vez en cuando para que el polvo libera sus pigmentos en el aceite. Es preferible elegir un aceite bastante claro y fluido para poder después filtrar más fácilmente. Este proceso es muy interesante y de mi punto de vista ofrece un rango de colores bastante apreciable.

Otros Ingredientes

No hay limites a nuestra imaginación ni nuestros deseos (o casi :))… podemos agregar cualquier otro ingrediente que puede aportar una propiedad a nuestro jabón: leche, miel, como mencionado previamente zumo de frutas y verduras, extractos de plantas, pétalos de flores, polvos de plantas, exfoliantes, etc. Estos ingredientes se suelen añadir a la traza, pero a veces, y especialmente en caso de ingredientes liquido como té, café, leche o zumo se utilizan al principio, como base liquida a mezclar con la sosa; en este caso no perder de vista que se produce una reacción isotérmica y que el liquido se pude quemar, así que es preferible congelarlo previamente antes de echarle la sosa. De otra parte, si decidimos agregar a la traza un ingrediente que contienen mucha agua, es preferible reducir la cantidad de agua a mezclar con la sosa, bajo pena de obtener un jabón demasiado blando, difícil de secar o que se conserva mal.

Material necesario para hacer jabón artesanal

Material necesario para hacer jabón artesanal

Si queremos lanzarnos en saponificación en frio, es imprescindible equiparnos un mínimo y con el material adecuado. Primero, y como presento más en detalle en la página dedicada a las medidas de seguridad, necesitaremos guantes, gafas de protección y mascarilla. Sin este equipamiento, es impensable empezar una receta de jabón porque la sosa es un producto extremadamente cáustico y muy corrosivo, causa quemaduras graves, y desde luego, se debe manejarse con el mayor cuidado.
El resto de material necesario para elaborar jabones en saponificación en frio es:
Una bascula de precisión, es imprescindible para pesar los aceites y todos los ingredientes. 

Un recipiente grande en el cual se hara la mezcla de jabón (según la cantidad de jabón, debe ser de tamaño suficiente), que sea resistente al calor, preferiblemente de polipropileno (PP) que tiene una buena resistencia al calor pero sobre todo a la sosa cáustica. Evitar los recipientes de vidrio, incluso los de Pyrex y de vidrio borosilicato, estos materiales reaccionan químicamente con las sosa que les debilitan y con el tiempo puede romperse. Se puede utilizar también recipientes de acero inoxidable pero es muy importante que sea de buena calidad (acero 304) y en ningún caso se debe utilizar recipientes en aluminio que también reacciona con la sosa.
Un batidora de mano, personalmente la prefiero con un pie de acero inoxidable.
Varios recipientes resistentes al calor, preferiblemente de polipropileno también, para pesar y mezclar la sosa con agua; personalmente prefiero utilizar vasos de laboratorios de polipropileno.
Una varilla para mezclar cuando se ánade la sosa en el agua, preferiblemente de vidrio.
Espátulas de silicona y varillas resistentes al calor, yo tengo varias de diferentes tamaños.
Un termometro de vidrio o de acero inoxidable resistente al calor, muy útil al momento de comprobar la temperatura de la lejía de sosa y de los aceites.
Moldes para jabones, estos pueden ser de madera (en este caso hay que forrar el molde con papel de hornear para facilitar el desmolde), de silicona, de plexiglás o de plástico duro transparente (PVC). Personalmente prefiero los de silicona porque el jabón es mucho más fácil a desmoldar.
Evitar totalmente utilizar cualquier recipiente o utensilio de aluminum porque la sosa reacciona con este material.
Y por su puesto, cualquier utensilio utilizado para hacer jabones se debe servir exclusivamente a eso, no se debe utilizar más en la cocina o estar en contacto con alimentos.

Medidas de seguridad

PeligroComo mencionado previamente, la sosa es altamente cáustica y puede provocar quemaduras graves por eso es imprescindible tomar medidas de seguridad al momento de hacer un jabón en saponificación en frío.
Leer las medidas de seguridad antes de empezar cualquier receta de jabón

Los pasos para realizar un jabón en saponificación en frío

1 - Preparar la receta 
Después de haber elegido la receta y los aceites a utilizar, se debe calcular con la calculadora de saponificación la cantidad de sosa y agua a utilizar. Preparamos y pesamos todos los ingredientes, incluso los aditivos que vamos a añadir a la traza.

Preparar los ingredientes para hacer jabón artesanal

2 - Preparamos la lejía de sosa
Pesamos la cantidad exacta de sosa que necesitamos en un vaso de cristal y el agua en otro vaso. Vertimos lentamente la sosa en el agua (nunca al contrario), mezclando con una varilla. Se produce une reacción exotérmica, es decir que la mezcla sube mucho en temperatura y echa vapor (leer la precauciones y medidas de seguridad). Dejamos el recipiente en su lugar revolviendo de vez en cuando hasta que la sosa se disuelva completamente y que la lejía se enfríe alrededor de 35-50° C. La lejía debe ser totalmente transparente sin ningúna partícula antes de mezclarla con los aceites.

Mezcla de sosa cáustica con agua

3 - Ponemos al baño maría los aceites y mantecas
Poner al baño maría para derretir las mantequillas y los aceites sólidos. Una vez que la mezcla esté completamente derretida y homogénea, dejamos que se enfríe alrededor de 35-50° C. La mezcla debe permanecer completamente líquida.

Para hacer jabón casero poner los aceites y mantecas al baño maría

4 - Mezclamos la lejía con los aceites
Cuando la lejía y mezcla de aceite alcanzan los 35-50° C, vertimos despacio y lentamente la lejía en los aceites (nunca al contrario) y empezamos a mezclar con la batidora, pero no de manera continua, la paramos de vez en cuando y mezclamos con el pié de la batidora parada como una cuchara. Continuamos así hasta que la mezcla se homogeneiza y que llegamos a la traza deseada.

Mezcla de lejía de sosa con aceites para hacer jabón artesanal

FOCUS EN LA TRAZA
La traza es el punto que alcanza la mezcla de aceites y lejía de sosa en el cual empieza a ponerse más espesa de tal manera que cuando levantamos la batidora (nunca en marcha :)) deja durante algunos instantes trazas en la superficie de la masa del jabón.
Podemos distinguir 4 puntos de traza diferentes:
Traza fina o ligera: la masa del jabón tiene la consistencia de Natilla y cubre uniformemente la parte posterior de una cuchara. Es preferible que se espese un poco más antes de moldear porque la mezcla aun tiene tendencia a la separación, pero sí que se puede añadir los aditivos (sobreengrasado, perfumes, colorantes, etc.).
Traza media: cundo levantamos la batidora, deja una traza claramente visible en la superficie de la masa del jabón, es el punto ideal porque la mezcla aun esta suficiente fluida para añadir los aditivos y moldear fácilmente.
Traza clara: la masa del jabón es aun más espesa, es preferible parar de mezclar en esta fase sino podría ser difícil de moldear. Este punto puede ser interesante cundo queremos mezclar dos colores, la masa del jabón es entonces suficiente espesa para evitar que los colores se mezclan demasiado.
Traza espesa: la mezcla es bastante espesa y tiene la consistencia de una crema pastelera que permite realizar efectos artísticos (inclusiones, efectos de olas o de crema montada en la superficie del jabón), es preferible moldear lo antes posible. 
Nota importante : Algunos aceites vegetales pueden contribuir a acelerar la traza, es el caso de aceite de coco y aceite de ricino. Al igual que algunos aditivos aceleran la traza como la miel o algunas fragancias.

5 - Agregamos el sobreengrasado y los aditivos
Cuando la masa del jabón llega a la traza y que tenga la consistencia deseada, añadimos el sobreengrasado y los aditivos y mezclamos de nuevo para homogeneizar y que los ingredientes se incorporan a la pasta de jabón.

Sobreengrasado y aditivos en jabon artesanal

6 - Moldeamos
Cuando ya la pasta de jabón esta bien homogénea, la vertemos en el molde. Golpeamos ligeramente y cuidadosamente sobre la mesa el molde después de llenarlo para distribuir la pasta de manera uniforme y evitar bolsas de aire en el jabón.

Rellenar el molde con la pasta de jabón

7 - Tapamos el molde
Es recomendable tapar el molde con film transparente y cubrirlo con una toalla o trapo de cocina. Esto permite guardar el calor y acelerar la saponificación. Dejamos así 24 à 48 horas hasta que se solidifique el jabón (puede necesitar más tiempo dependiendo de los ingredientes utilizados).

Dejar el jabón que se solidifique 24h

8 - Desmoldamos el jabón
Después de este tiempo, podemos desmoldar el jabón. Si utilizamos un molde grande, cortamos el jabón en pastillas del tamaño deseado.

Desmoldar y cortar el jabón artesanal

9 - Dejamos curar el jabón
Guardamos las pastillas en un lugar seco y ventilado, preferiblemente protegido de la luz, durante mínimo 4 semanas para que el jabón se seca y sea apto para su utilización.

Curado del jabón artesanal

ZOOM EN EL CURADO
Después de desmoldar y cortar el jabón, aun esta cáustico y no utilizable y necesita un tiempo de secado llamado curado. Este tiempo suele ser de un mínimo 4 a 6 semanas.
Lo más importante que ocurre en el proceso de curado es que finaliza el proceso de saponificación (recuerden que la saponificación es una reacción total y que se termine cuando uno de los dos ingredientes, aceites o sosa, se consume) y que el jabón, secando y perdiendo agua, se pone más suave con disminución del pH.
Dependiendo de la receta, y en particular de la cantidad de agua o ingredientes húmedos utilizados, puede que el jabón necesité más tiempo para secar y alcanzar su dureza y aspecto definitivos. Generalmente, con un mayor tiempo de curado, las propiedades de los jabones (espuma, sensación cremosa, durabilidad) se mejoran.

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